Duelo migratorio · Houston, Texas
Elena
Cómo llegó. Elena llevaba dos años posponiendo la terapia. Solo imaginar tener que explicarlo todo en inglés le generaba ansiedad, así que prefería no empezar.
Lo que sentía. Cansancio de sonreír en las videollamadas con su familia mientras por dentro cargaba con la culpa de haberse ido, la nostalgia de los domingos en casa y un agotamiento que no lograba nombrar.
El proceso. En la primera sesión habló como no hablaba desde que se fue. Con el tiempo, el trabajo se centró en ponerle nombre al duelo migratorio y en permitirse extrañar sin sentir que traicionaba la vida que había construido.
Dónde está hoy. Sigue extrañando su país. La diferencia es que ya no carga esa nostalgia en soledad, y aprendió a distinguir entre el cansancio del día y el peso acumulado que sí merecía un espacio propio.